Leyendo los comentarios hechos a mi post anterior, tengo material para escribir un post nuevo: “Sirven los psicólogos para algo?” pero con el ánimo que tengo hoy de lunes creo que la respuesta no sería muy positiva y cero cómica. La verdad es que la idea de mi post anterior era burlarme un poco de los aires bobos que nos damos a veces los psicolocos. Ya lo retomaré otro día.Estoy fatal hoy. Entre que es Lunes y yo odio con toda mi alma y todo mi corazón los lunes, que tengo muchísimo trabajo (y esta vez no es de lo que me gusta) y que estoy dejando de fumar y estoy en esos primeros tres primeros días tan terribles de mono físico, estoy fatal, que muerdo, muy muy muy irritada e irritable, vamos, que tonterías las justas. Yo nunca cierro la puerta de mi despacho si no estoy con algún usuario o paciente, pero hoy no me apetece hablar con nadie y con la excusa de que voy a trabajar mucho y que necesito estar concentrada, la he cerrado para que nadie me moleste.Si entra alguien a mi despacho a preguntarme cualquier tontería sabe que tiene peligro de salir con un mordisco en el brazo (bueno, estoy exagerando , que yo soy tan agresiva e inofensiva enfadada como un caniche cojo.)
Empecé a fumar a los 12 años. Mis padres fumaban (y fuman) como un carretero y yo tenía acceso total al tabaco. Me encerré yo sola en el baño y me supo a gloria el cigarrito. Me encantó el mareito que me pillé. En la adolescencia, fumaba los fines de semana. Nos comprábamos 4 cigarros de Fortuna a 20 pesetas cada uno y nos los fumábamos a medias la Acandemor y yo. Me hace gracia que no nos fumabamos uno cada una sino que los compartíamos cada uno las dos. Cosas de adolescentes.
A los 18 lo dejé totalmente. Nada de nada. Lo retomé a los 24 pero muy lentamente, y muy poco, un paquete a la semana o incluso menos. A los 26 años, con Lobito, que fuma un montón, me puse con fuerza hasta llegar al tabaquismo que sufro ahora y que me tiene tan preocupada. Hay sábados que como salga por ahí puede llegar a fumarme casi 1 paquete. Soy una yonki. Fumo muchísimo y no me gusta nada, lo odio, ya no saboreo ningún cigarro, es compulsivo, asqueroso. Ya no fumo por placer sino para evitar el mono y me siento culpable con cada cigarro. Conseguí dejarlo el pasado 31 de octubre y estuve casi 4 meses sin acercarme a un cigarrillo. Un esfuerzo mantenido, una victoria de cigarrito tras cigarrito. No es pasar una semana mala y decir “Ya está”, que va. El mono físico dura una semana, pero la dependencia psicológica es peor. Yo soñaba con fumar, veía a la gente fumando y aspiraba yo también el aire como si llegase algo de su humo. Asocié las palabras “tabaco”, “fumar”, “cigarro” con “cáncer”, de tal modo que cada vez que pensaba en fumar me imaginaba un tumor negro y asqueroso en los pulmones y mi cabeza calva. La primera semana fue espantosa, sentía que me volvía loquita, pensando todo el día en tabaco y cánceres. Estaba como ida, muy irritable y no era capaz de seguir conversaciones. Poco a poco, me fui relajando y decir “llevo dos semanas sin fumar” era un refuerzo positivo increíble. A las dos semanas, empecé a notarme una mejoría física impensable e inesperada porque yo pensaba que estaba bien físicamente. Me noté la piel más luminosa, más tersa, por las mañanas me levantaba con la boca con buen sabor, el aire al respirar me llegaba como fresquito a los pulmones. La experiencia de los domingos levantándome como una rosa era increíble. Y la comida, que buena sabe la comida, qué riquísima. Engordé un poco pero no por ansiedad (cuando estoy nerviosa no me da por comer), engordé por lo deliciosísimo que me sabía cada plato. El pan y el café, dios, qué placer, sabores totalmente nuevos. A los tres meses, creía que ya lo había superado (a ratos), y todo el mundo me avisaba que no bajase la guardia. No me apetecía fumar pero la idea de no volver a fumar un cigarro en mi vida se me hacía muy cuesta arriba. Superé pruebas de fuego, como fiestas, tensiones familiares, congresos de trabajo, ponencias, problemas con el piso…A los cuatro meses empecé a fantasear con fumar a escondidas, todo el mundo me animaba un montón por haberlo dejado y sentía que no podía defraudarles pero a mí me seguía apeteciendo. “Bueno, pues me fumo uno solo como recuerdo y no se lo digo a nadie". Fue fumarme uno, UNO SOLO, y dejar que la nicotina entrase en mis venas y empezar otra vez de cero. Me compré un paquete y nada, que parece que lo he retomado con mas fuerza que nunca. Llevo ya un mes y una semana fumando. Este sábado me fumé dos paquetes de tabaco yo solita. Me siento fatal conmigo misma, llena de remordimientos.Ayer domingo me dolía muchísimo el pecho y me daban pinchazos en la cabeza. Por la noche me dolía mucho el estómago. Lo quiero dejar, que me acerco peligrosamente a los 30, que tomo la píldora, que tengo la circulación fatal, que tengo mucho miedo del cáncer, de tumores raros, de joderme la vida yo sola, que dentro de unos años quiero tener hijitos y quiero limpiar mi cuerpo, que no me gusta depender de nada , que me parece terrible comprar algo que te dice que te mata en la caja, que odio como domina mi vida y mis tiempos, que me parece feo estéticamente un cigarro en la mano, que es una pasta, que me ensucia los dientes, que me parecen horribles, asquerosos y tristísimos los reservados para fumadores en los aeropuertos y los restaurantes, que me da un asco increíble ver un cenicero lleno de colillas, me parece asqueroso el olor que trae uno en el cuerpo cuando sale a fumar un cigarro (y del que sólo te das cuenta cuando has dejado de fumar). Ayer domingo fumé uno en todo el día y hoy no quiero fumar, lo quiero dejar. He superado el del café del desayuno y el de media mañana. Lo voy a intentar otra vez.













En el momento que escribo esto, hay 420 visualizaciones de mi perfil. Bueno, habrá que descontar más de 3/4 partes que corresponden a mis propias visitas y las de 

Ayer noté a Dodo enfadado y le pregunté que qué le pasaba: 
Acabar lo que se dice acabar bien el año 2007, pues no lo acabo con este gripazo que me he pillado y esta fiebre que no me baja desde hace tres dias de 38 , no sea que me vaya a ilusionar y pensar que puedo salir en nochevieja... En fin, que mucho rato tampoco puedo estar delante del ordenador porque me mareo pero no quería que acabase este año sin felicitar el nuevo Año que entra. Lo que suele decir pero que yo siento de todo corazón: que el 2008 venga cargado de Amor, Amistad, Salud, Nuevos Proyectos, Trabajo, Alegría y Felicidad. Ha sido un lujo teneros por aquí. Y lo que queda...
Perdonad el triplete de hoy pero es que no me lo puedo creer... YO , Pequeña Desorden, acaba de recibir su 

El otro día hablaba de hostias que te da la vida y hoy voy a hablar de hostias que te das en la vida, especialmente si eres una personilla tan torpe como yo. Que yo me desplazo porque sé echar un pie para delante uno detrás del otro y ya está, que eso lo aprendí a los 9 meses de edad pero tampoco te creas que he evolucionado mucho desde entonces, no se cómo lo hago, siempre parece que voy con zapatos grandes, dando tropezones. Tengo en las adoquines, en las aceras desniveladas y en las alcantarillas, enemigos ocultos. Creo que es porque soy muy despistada o muy pato, o porque soy un pequeño desastre y voy con la cabeza en las nubes, muy en plan "pa qué quiero pies si tengo alas pa volar", y así me va, tropezón, tras tropezón. Y ahora que voy con el MP3 a todas horas en mi videoclip particular, ya ni te cuento. Qué bien me viene que Lobito y yo seamos de esas parejas entrañables que van de la mano por la calle. Yo no sé si es amor o puro instinto de supervivencia.











