lunes, 28 de abril de 2008

Chicas bombón II

Yo siempre llego a la música con un par de años de retraso como mínimo. Por eso si alguien lee esto que no se lleve las manos a la cabeza, porque yo funciono así. Ayer mientras tomaba un café en un bar de la Latina, descubrí a los Doves. Hoy nada más llegar al curro me he descargado todo lo que mi ordenador-carraca me permite y aquí estoy, totalmente fascinada.
Pero mi idea de escribir hoy no era esto. Tras leer los comentarios de mi post anterior me he dado cuenta de que no me expliqué bien. No me refería no coger un bombón por miedo a engordar, no. Ninguna en mi curro sigue dieta y todas sabemos que comernos un bombón no es “la caída al infierno” Yo creo más bien que se trata de un comportamiento social que se da entre grupos de mujeres. Ninguna coge un bombón de más, queremos ser la compañera perfecta. Es como una exhibición (boba) de autodominio, de compañerismo, de autocontrol. Cuando una ya se atreve a coger el bombón deseado, lo dice públicamente y con miedo a pasarse. Estoy segura de que si cada una hubiese estado sola frente a esa caja de bombones, la situación sería distinta. Es peor incluso que el miedo a engordar, esa rectitud estricta (estúpida), esa afán de perfección.


Pero tampoco voy a negar lo obvio. Resulta triste comprobar que es difícil escapar de la presión social hacia un cuerpo perfecto. El bombardeo publicitario por un cuerpo 10, la presión mediática y social deja a su paso miles de victimas. Las mujeres nos descuartizamos frente a un espejo. No vemos un conjunto, un cuerpo pleno de mujer joven o madura con capacidad para recibir y dar placer sino patas de gallo, arrugas, papadas, labios finos, tetas pequeñas o caídas, piernas celulíticas, imperfecciones y puntos negros, vello no deseado. De pronto salen anuncios que te hacen que te percates de partes de tu cuerpo que jamás hubieras pensado que pudieran ser mejoradas. Todos los años por estas fechas empieza la campaña publicitaria de la “lucha contra la celulítis”, “vence la celulitis”, cuando es una guerra perdida de antemano. La celulitis no se erradica, señoras, pero las campañas son cada vez más salvajes y más intrusivas. Muslos de barbie, caderas de niñas en mujeres de 40 años.
Leí no sé dónde que la celulitis es un invento nuevo, que nuestras abuelas (y abuelos) jamás vieron un problema en las carnes de sus muslos, que hace 40 años se denominaba “piel de la mujer madura” lo que es ahora celulitis y es algo que posee el 85% de las féminas, algo inherente al cuerpo femenino independientemente de su grasa corporal o su edad. También leí que el 85% de las mujeres acaban deprimidas tras leer una revista de moda y ver fotos (retocadas) de modelos estupendas, jóvenes y tersas. Nos han vendido un ideal de belleza inalcanzable haciéndonos creer que alcanzaremos la eterna juventud untándonos de potingues. Creando una insatisfacción eterna requeriremos siempre más y más productos que nos prometen lo imposible y que queremos creer a toda costa. Y mujeres que dejan de comer, como dejarían de respirar o de follar y/o hacer el amor si eso les garantizase perder unos kilos.
Cuando me miro al espejo desnuda, descubro que mi cuerpo ha cambiado. Sigo siendo delgada pero en dos años he perdido juventud en mi cuerpo. Puedo seguir usando la misma ropa pero ya no me queda igual. Estoy más mayor, tengo cuerpo de mujer pero sé que está en mis ojos y no en mis muslos el amor por mi cuerpo, en su capacidad para recibir caricias. Ir más allá de la pupila que me ha educado la sociedad para percatarse de varices, celulitis, redondeces, flacidez y ser capaz de fijarme en el conjunto de una mujer sana y fuerte con capacidad para dar calor y grandes abrazos, y para disfrutar y gozarlo, de sentir placer y dolor, y con posibilidad de llevar, cuando yo lo decida, una vida dentro.

Estoy lejos de la perfección de las revistas, pero soy real, muy real, estoy sana. Como porque soy un ser vivo, porque lo necesito y porque es un placer, igual que el hacer el amor, y porque quiero disfrutar de todo lo que mi cuerpo quiere darme. Soy bella porque yo me veo así y así me verán los que me quieren. Que mi cuerpo soy yo y según los mensajes que le envie así me querré.

(este bombón que ahora me como va para Uds.)

5 comentarios:

Belén dijo...

Estamos presionadas aunque no queramos... pero bueno...

Yo pienso que el bombón somos nostras ea :)

Besicos

potsis dijo...

Que bien hablas, chiquilla, que bonito lo cuentas y que razón llevas.

Los anuncios y la publicidad, nos engañanan a todos, vemos como mucho de lo que queremos se nos escapa de entre las manos. Y estamso dispuestos a cualquier cosa para evitar ese fracaso.

El tiempo, que todo lo cura.

Jesús dijo...

Al fin y al cabo, todos nos acabamos enamorando del alma de la persona, no de su físico.

Anónimo dijo...

Efectivamente, algo no marcha bien...
Comprendí al dedillo tu mensaje inicial. Esto va más allá de bombones, delgadeces y cremas antiarrugas.
Desde hace tiempo creo que habría que estudiar desde otra óptica lo que nos han vendido como liberación de la mujer. ¿Seguro que la mujer ahora es más libre que en los 50?
(esto es un mensaje con doble sentido. Por favor, abstenerse aquellos que se toman todo al pie de la letra).
Sigue así Pequeña, cambiemos el mundo!!

Twat Boy dijo...

Esclavos de la sociedad actual somos todos, hombres y mujeres. Hombres musculosos, con abdominales marcados, depilados,... En cada uno está lo que quiera ser, una portada de revista o una persona que disfruta de la vida.
Un saludo a todos!!!!!!!!