
Hace unos días se me acerca el Gran Dodo con su sonrisilla desdentada (“es lo que tiene tener 8 años” según sus palabras) y me dice que tiene un regalo para mí. Los regalos de Dodo desde la óptica de un adulto son cuestionables pero yo los valoro muchísimo porque sé que para él son un tesoro.
Regalos que me ha hecho Dodo hasta la fecha:
- Palillos del restaurante chino (usados, mordidos)
- Calendario del mismo restaurante chino.
- Cártel con el nombre y foto de un barbudo dirigente político (es lo que tiene que su madre sea militante de ese partido).
- Pinza de la ropa decorada por él mismo.
- Llavero promocional de una conocida marca de salchichas.
Y el otro día me llega y me dice “toma, para ti” y me da una cajita de cartón. Dentro había unas hojitas y GUSANOS DE SEDA. Y lo siento, sé que me vais a criticar, no reaccioné bien , pero no pude, fue superior a mis fuerzas. ME DAN UN ASCO ESPANTOSO. No entiendo por qué esos gusanos son especiales a otros si para mí están en la misma categoría asquerosa de “BICHOS” que engloba: cucarachas, moscas, polillas, larvas, lombrices y ascos varios.
Después de mi grito de asco, era ya difícil disimular con un “ay, gracias Dodo, que ilusión me hace” y lo intenté, que conste, pero el Gran Dodo no se lo tragó. Le dije que me daba mucha pena pero no me los podía llevar porque vivo en la ciudad y no hay árboles de morera para alimentarlos.( FALSA, FALSA) Dodo volvió a insistir “pero si son preciosos, mira que suaves, tócalos”. Yo no toco ni bajo tortura un gusano y me da un repelús importante ver a un niño tocando uno de esos. Lo siento, no me gustaban ni cuando era pequeña, por poco me muero el día que un compañero mío de clase se comió uno y me dijo que sabía igual que los “gusanitos” ( esas bolitas de maiz horneados de RISI)
“Jo, es que mi madre me ha dicho que te los dé que si no los voy a tener que tirar”
Insiste Dodo con sus ojos de Bambi. “Que jodía tu madre” pienso. Bueno, pues me los llevo, no te preocupes. En cuanto terminó la clase y me marché, al pasar por una papelera los tiré, sin asomo de arrepentimiento. Lo siento. Me gustaría sentir algo de pena, pero nada, como una piedra. No quiero ni puedo sentirme culpable por haber tirado unos gusanos a la basura por muchos ojos de Bambi que me miren.
Ahora TODOS los santos días Dodo me pregunta cómo están los gusanitos y yo no me atrevo a decirle que los tiré en una papelera con caja incluida. No sé cómo salir de mi mentira. Ya le contado que han hecho capullo (y aquí la única capullo soy yo) y que dentro de poco saldrán unas mariposas preciosas.
Si hay algo que me dé verdadero asco en este mundo, más que los gusanos de seda, son las mariposas de los ídem.
Y ay, buscando fotos para ilustrar esto he metido en el flickr la entrada "gusanos de seda" y me muero con sólo lo que se ve por ahí. Nada, pongo otra foto que me mola aunque no tenga nada que ver con lo que hablo hoy. Ay, y que en paz descansen esos bichos que más descanso yo.